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Imposturas intelectuales:Imposturas intelectuales: Raúl Rossetti El físico Alan Sokal estuvo en Buenos Aires en abril, para hablar de su libro Imposturas Intelectuales, que llegó a convertirse en uno de los análisis más polémicos de los últimos tiempos y que sacudió la ciega aceptación académica de los entronizados ÒpensadoresÓ franceses posmodernos. El libro en cuestión aún no fue traducido al español Ðsaldrá a fin de año-, pero el revuelo ocasionado en Francia y en los Estados Unidos llegó a estas desoladas latitudes como una liberadora brisa de aire fresco. Sokal es un joven físico norteamericano sumamente simpático, quien en un casi perfecto español, a los quince minutos de charla, se ganó a la mitad de la incrédula audiencia que colmaba el salón de actos de la Facultad de Filosofía y Letras de Buenos Aires -la madriguera, digamos, del pensamiento atacado. ÀCómo empezó el hoy internacionalmente llamado ÒAffaire SokalÓ? Con una burla tremenda: Sokal publica en una prestigiosa revista norteamericana de ciencias sociales, Social Text, un artículo lleno de disparates teóricos que tituló pomposamente: ÒTransgresión de los límites: hacia una hermenéutica transformativa de la gravedad cuánticaÓ. Su desafío, era probar que el artículo sería publicado tal cual fue escrito y así demostrar hasta qué punto está instalada en nuestra cultura la idea de que un texto, cuanto más oscuro y hermético, más profundo es. Quiso que la parodia, de alguna manera, Òdesnudara al reyÓ. Tres semanas más tarde, reveló él mismo la trampa en la revista Lingua Franca. Allí toma estado público y estalla la polémica. Poco tiempo después, junto a otro físico belga, Jean Bricmont, publica en francés el libro Imposturas Intelectuales. Allí se da cuenta de la aberración de cierto pensamiento occidental cuando está impregnado de posmodernismo francés. Se dan cursos sobre epistemología del caos, se hace referencia a la teoría de catástrofes, se evoca el principio de incertidumbre, la teoría de la relatividad o el teorema de Godel para fundamentar conductas sociales o psicológicas. Se despliegan fórmulas extraídas de la teoría de conjuntos para apoyar la teoría literaria. Pero ocurre que toda esa parafernalia es infantilmente errónea y se aplica sin fundamento y sin conocimiento alguno. Los blancos del libro son popes como Lacan, Latour, Derrida, Kristeva, Virilo, Braudillard, Deleuze... la primera línea, digamos, de la intelectualidad francesa. Lo que denuncian los autores de Imposturas es la falta de rigor y la peligrosa frivolidad con que manejan conceptos tan serios; la triste deformación mental y espiritual a la que lleva todo este oscurantismo, destinado no a aclarar o tratar de echar luz sino a desviar y hacer un culto irracional del pensamiento difuso. El ataque fundamental es al relativismo cognitivo, que es el común denominador de estos ÒpensadoresÓ. Sokal nos explica: - ÒRelativismo cognitivo es aquella idea que asegura que algo es verdadero o falso según la óptica de cada persona. Es decir, se trata de no poder distinguir claramente los hechos del conocimiento que nosotros tenemos del mundo externo. De esta manera, los hechos son vistos de diferente modo si uno es hombre, mujer o negro. Hay otros tipos de relativismo como el relativismo moral o ético y el relativismo estético, pero a mí me interesa fundamentalmente el vinculado con el conocimiento, porque es mi especialidad, aunque todo esté inter-conectado. Es sumamente peligroso todo esto; lo que hemos tratado de hacer es un llamado a la razón y al rigor intelectual que se ha perdidoÓ. Imposturas Intelectuales abunda en largas citas textuales de nuestros gurús posmodernos, como para que el propio lector tire sus conclusiones. Sokal, risueño, lee algunos de esos disparates: Luce Irigaray y la Mecánica de los Fluidos: ÒEl privilegio de la mecánica de sólidos sobre la de fluidos, y las dificultades de la ciencia con el flujo turbulento, se debe a la asociación de los fluidos con lo femenino. Mientras los hombres tienen órganos sexuales protuberantes que se ponen rígidos, las mujeres tienen aberturas que liberan sangre menstrual y fluido vaginal. Aunque los hombres en ocasiones también ÒfluyenÓ Ðal expeler semenÐ esto no se enfatiza. Es la rigidez del órgano masculino lo que cuenta, no su complicidad con el fluir. Estas idealizaciones se reinscriben en las matemáticas, que conciben los fluidos como planos laminares y otras formas sólidas modificadas. Así como las mujeres en las teorías y el lenguaje masculino existen sólo como no-hombres, los fluidos han sido erradicados de la ciencia, existiendo sólo como no-sólidos. Desde esta perspectiva, no es raro que la ciencia no haya sido capaz de construir un modelo exitoso de la turbulencia.Ó Jean Braudillard, La Curva Maléfica: ÒEn el espacio euclidiano de la historia, el camino más rápido de un punto a otro es la línea recta, la del progreso y la democracia. Pero esto no es válido nada más que para el espacio lineal de las luces. En el nuestro, el espacio no-euclidiano del fin de siglo, una curva maléfica desvía invenciblemente todas las trayectorias. Ligada sin dudas a la esfericidad del tiempo (visible al horizonte del fin de siglo como aquella de la tierra al horizonte del fin de la jornada) o a la sutil distorsión del campo de gravedad.Ó Jacques Lacan, El Organo Eréctil y La Raiz Cuadrada de Menos 1: ÒAsí, calculando esa significación según el álgebra que utilizamos, a saber: S (significante) sobre s (significado) = S (el enunciado). Con S=1, tenemos s = Raiz Cuadrada de menos1. Es así como el órgano eréctil viene a simbolizar el lugar del goce. No en cuanto él mismo, ni siquiera en cuanto a imagen, sino en cuanto parte faltante de la imagen deseada: por eso es igualable a Raiz Cuadrada de menos 1Ó. Algunos oyentes lacanianos se levantan y se van disgustados de la sala. Un joven pide la palabra para recriminar: ÒUsted está sacando los términos de contexto. El órgano eréctil es algo muy diferente del falo para el psicoanálisis de Lacan.Ó Planteado este punto casi pornográfico en el debate, Sokal contesta con mucho respeto y consideración: -ÒEfectivamente yo no sé nada de psicoanálisis y bastante de matemáticas, lo suficiente para explicarle que los números negativos fueron creados para demostrar delicadas ecuaciones muy pocas veces usadas incluso por matemáticos, y que en este caso no se justifica su erróneo empleoÓ. Y prosigue, ya menos risueño: -ÒEs ridículo pretender matematizar la psicología o las ciencias sociales, cuando sus objetos de estudio no son matematizables: las ciencias sociales son mucho más difíciles que las naturales: cualquier organización social, cualquier cultura es más complicada que una galaxia. La mente humana es más compleja que un electrón. Por eso, por favor, hay que extremar el cuidado; evitemos las ambigŸedades; exijamos la total comprensión de los argumentos, por más célebres que parezcan sus creadoresÓ. Mientras en Estados Unidos y en Francia se desató un combate que va más allá de la cultura, y en prestigiosas publicaciones como Le Monde y Le Nouvel Observateur, Òpolicía de las ideasÓ, ÒfrancófoboÓ, ÒinquisidorÓ, ÒrepresorÓ, fueron algunos de los gloriosos epítetos con los que Sokal se vio galardonado, aquí faltó la discusión, la indignación seria Ð si es posible. Ningún seguidor de Derrida, ningún profesor pos-estructuralista, ningún afiliado a la Escuela Psicoanalítica levantó su voz o solicitó un debate para defenderse de los ataques. Quizá lo hagan cuando aparezca la traducción del libro. O probablemente se callen, y a la discusión seria Ð si es posible -, prefieran los adjetivos de rigor ( ÒfascistaÓ es uno muy efectivo), y sigan explicando las soberbias teorías del caos y de catástrofe en sus cursos universitarios, para una audiencia de jóvenes en vías de lobotomización. Sea lo que fuere, el trueno ya estalló, y es suficientemente alentador comprobar que somos más de uno los que nos sentimos felices y agradecidos por la esperada y saludable tormenta. Raúl Rossetti. Buenos Aires, mayo de 1998. |