AMSTERDAM SUR / EL SINDROME DE LA MUSA

Síndrome de la musa

  • Estibaliz Sadaba
    "La imagen que prometía un nuevo mundo a la mujer moderna en la sociedad industrial del siglo XX sólo fue una realidad para las mujeres ricas y privilegiadas.Cuando se filtró a las masas de mujeres trabajadoras, funcionó como una fantasía, muy alejada de las realidades de las vidas de muchísimas mujeres, pero enérgicamente afirmada mediante campañas en los medios de comunicación, con el fin de promocionar el consumo: Vender juventud, belleza y tiempo libre junto con la última moda..." (Whitney Chadwick).

    No veo necesario repetir todos los datos que nos demuestran cómo, durante siglos, la práctica artística femenina ha sido relegada a un segundo plano, cuando no silenciada y olvidada por completo. Del mismo modo las promesas vanguardistas y/o modernistas de un mundo feliz y de un futuro igualitario se desvanecen rápido a lo largo del siglo presente, y vemos como importantes aportaciones artísticas realizadas por mujeres van siendo también ignoradas, o en el mejor de los casos justificadas por la presencia cercana de alguna genialidad masculina: tampoco creo que sea necesario recordar uno por uno los casos de artistas como Camile Claudel, Frida Khalo, Sonia Delaunay, Eleonora Carrington, Tina Modotti, Lee Krasner o Ana Mendieta, todas ellas tantas veces "mujeres de", incluso en la propia hora de la fatalidad.
    Sin embargo si me parece importante constatar cómo durante la primera mitad del siglo XX, especialmente en los primeros treinta años, y de forma estrechamente ligada a ese proyecto modernista, las mujeres artistas parecen encontrar un hueco por fin y se da una presencia bastante habitual en los foros artísticos; además de las citadas antes habría que hablar sobre todo de la importante presencia de mujeres artistas en las vanguardias soviéticas, donde destacan los conocidos nombres de Popova y Estepanova. Lo curioso es comprobar que a esta aparente normalización de la práctica artística femenina, que teóricamente debería haber continuado avanzando a lo largo de los años posteriores, siguiendo la lógica del progreso, se ve frenada de manera importante cuando no sospechosa, a partir de la II Guerra Mundial, o sea, con la llegada de las denominadas segundas vanguardias. Una primera lectura de este hecho podría encontrar rápida explicación: a la vista de por dónde transcurren las cosas desde los años cincuenta hasta los ochenta, son varios los teóricos -por cierto, casi siempre hombres también- que nos hablarán de la asimilación social del proyecto vanguardista, y su transformación en un producto más de la sociedad de mercado (hecho éste especialmente puesto en evidencia por los autores del Pop Art).
    Siguiendo este discurso,veríamos que los auténticos ideales modernistas se van perdiendo, y de este modo se conforma en el universo mitológico del arte una especie deañorada edad de oro que se acabaría en los años treinta: lógicamente, podemos pensar que es normal que fuera en ese período cuando las esperanzas de las mujeres se vieran también impulsadas dentro de un proyecto común hacia un futuro mejor. De esta forma los males intrínsecos al capitalismo lo explicarían todo, y las mujeres podríamos de nuevo resignarnos a espera un nuevo momento revolucionario. Pero si analizamos con un poco más de profundidad la situación de aquellos años dorados, nos encontramos que en realidad ese acceso de las mujeres al universo artístico no venía dado tanto por una conciencia de igualdad, como por una incorporación a la práctica artística pura de otros sectores hasta la fecha considerados secundarios, casi todos ellos dentro del espectro de las llamadas artes aplicadas o decorativas.
    Es la conciencia moderna de servicio a la sociedad desde el arte la que propicia el acceso de la mujer (de nuevo relegada a una función servil), y la que explica su desaparición de nuevo a partir de los años cuarenta, cuando dichas aspiraciones utópicas dejan de tener vigencia. Sí que podemos constatar, sin embargo y a duras penas, la presencia creciente de un buen número de mujeres que se van incorporando de forma más regular al mundo del arte a partir de los años sesenta, lo que sin duda alguna está muy relacionado con la convulsión social que tuvo lugar a todos los niveles durante dicha década y muy en particular respecto a temas tabúes hasta entonces como podían ser la sexualidad, la familia, etc. Es de destacar el papel que va a jugar el pensamiento feminista y los diversos movimientos de liberación de la mujer para que todo esto suceda. Esto no quiere decir de todos modos que en los últimos treinta años la situación haya cambiado lo suficiente como para considerarla ni de lejos normalizada; si es novedoso sin embargo que haya grupos de mujeres organizadas, o mujeres individuales, que lo planteen públicamente y luchen por ello, y lo conviertan incluso en contenido central y fundamental de su propia producción artística.

    Publicado por Erreakzioa-Reacción, Bilbao 1995
    Intercambio Cultural
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