AMSTERDAM SUR / EL LUGAR DEL AMOR

El lugar del Amor.

  • Cuento por Horacio González Trejo

    Poco después de media noche suelo escuchar a Isabel Gemio que desde Radio 1 habla y dialoga con los oyentes, durante hora y media, acerca del amor. Su programa es entretenido y tiene, sin duda, un interés sociológico, además de costumbrista. Llaman a Isabel hombres y mujeres de todas las generaciones -gentes de las edades en que el amor se constituye como centro de interés vital ygentes que cargan con una o varias experiencias traumáticas- y es posible escuchar historias desgarradas, en que los desencuentros y la incomunicación han prevalecido; otras personas cuentan experiencias que parecen exponer más fantasías que realidades, narran ensueños y visiones idílicas; hay historias de parejas que jamás han tenido un sí, ni un no, pero que un aciago día han roto sin palabras, sin explicaciones; y no faltan parejas que se han forjado mediante encuentros mágicos, a la manera de los personajes cortazarianos de Rayuela.

    En fin, el amor se ha convertido en un campo de infinitas posibilidades en el que los sujetos del amor -esos seres por lo general extasiados- proyectan sus esperanzas de plenitud, de afirmación personal. Y llaman a Isabel porque necesitan un interlocutor válido y quieren ser escuchados, tanto acerca de sus problemas como por sus deseos incumplidos; llaman porque necesitan orientación y consuelo. Cual una sacerdotisa, Isabel toma la distancia imprescindible y conforta a sus confidentes del éter. Se trata, indudablemente, de una eficaz labor terapéutica de efectos inmediatos. Por Isabel Gemio me he enterado de que en algún lugar del país se ha celebrado el "primer encuentro sobre el amor", al que han asistido desde artistas y escritores, hasta un importante grupo de filósofos, psicólogos, sexólogos y algunos profesionales de la comunicación. Parece que ha habido numerosas ponencias y que repetirán el encuentro el próximo año. Tras milenios, el amor reaparece, época tras época, como una de las necesidades más importantes del género humano. Empero, sospecho que el amor no tiene los mismos significados en cada momento histórico, ni provoca las mismas expectativas, ni necesidades semejantes de expresión. Por un lado está la libido; el poderoso impulso sexual gobernado -y de manera decisiva- por las hormonas. Por otro, las apetencias afectivas y emocionales, la necesidad de amparo, de calor humano compartido. Así, existe un componente invariable que determina esos sentimientos e impulsos que llamamos amor, aunque cambien según las épocas, las normas sociales, el grado de represión o de tolerancia predominantes. De modo que el amor está sometido a transformaciones. Resulta difícil percibirlas porque en el amor tienen un papel determinante las ilusiones y las fantasías.

    En su aparente singularidad, la pretendida reciprocidad amorosa no suele distinguir lo que tiene de dominio personal del otro. Del amor se espera que confirme la propia identidad, que proyecte al otro y le permita ser en el mundo. Se deja de lado el hecho de que es una más entre las relaciones interpersonales posibles, de que el amor no sustituye el esfuerzo individual por convertirse en persona. Así, muchos amores mutan en fuentes de sustitución y desplazamiento de la responsabilidad de vivir la propia vida. Todos estamos interesados en el amor porque encubre el desamparo esencial con el que nacemos: oculta nuestra situación en el cosmos. Además, el amor es fuente de placer y todos aspiramos a esos instantes únicos de inefable dicha compartida. Estamos preparados para el amor? No lo creían así los antiguos chinos, que desarrollaron el tao para armonizar los contrarios: el yang y el yin. Los indios elaboraron el Kamasutra con el fin de estimular técnicas apropiadas para que los conjugantes lograran la satisfacción. Recetas, filtros de amor están presentes en todas las épocas. Y, sin embargo, algo ha cambiado. Amamos más o amamos menos que antes? Quiénes son los sujetos del amor? Es el amor un hecho de interés social? Son válidas las ideas dominantes acerca del amor, esas ideas que prevalecen en los culebrones? Somos libres de amar y ser amados? Es el amor cosa de todos? Todas estas preguntas y otros pensamientos han venido a mi mente al escuchar el programa de Isabel Gemio. Reconozco que, en ocasiones, suelo dormirme con el arrullo de su voz, como tantos oyentes. Por las mañanas me digo que, más allá de todas las interpretaciones, elucubraciones, desesperaciones y obsesiones por el amor, una cuestión parece verdadera: los seres humanos podemos intercambiar confianza por confianza, podemos ayudarnos y sernos útiles. Sobre estos supuestos, hasta el amor es posible.

    Amsterdam Sur