HORACIO QUIROGA
La literatura, el cuento y la vida "En los abismos del horror"
Jorge Menoni
Huraño y agreste
El árbol
La piedra
El río
Así, con diáfana sencillez está escrito en la piedra junto al río Uruguay (en
Salto) en recuerdo al padre del cuento latinoaméricano. A cincuenta y siete años
de la muerte de Horacio Quiroga queda en pie una monumental obra literaria que
sobresale por su dimensión universal y que tiene increíble vigencia, tanto como
la de Poe, Chejov, Maupassant, Gorki, Kipling. "El destino no es ciego -sus
resoluciones fatales obedecen a una armonía todavía inaccesible para nosotros, a
una felicidad superior oculta en las sombras"; escribió alguna vez Quiroga y ese
destino, que en todo momento le negó su misericordia, y una dosis infame de
cianuro acabaron con su vida un 19 de enero de 1937 a la manera de sus mejores
cuentos. "Quien se atreve a matarse es Dios", había leído en Dostoievsky, pero
Quiroga no creía en Dios y su vida y su obra fueron un diálogo implacable,
seductor y obcecado con la muerte y con ese Dios que rechazaba, aferrado a una
moral paradójicamente religiosa. Pero es precisamente desde ese doble juego de
agnosticismo y religiosidad, desde ese coqueteo de amor, de locura y de muerte
que surge su forma favorita de expresión, el cuento, que da la justa medida de
su genio.
El maleficio de Quiroga comenzó cuando contaba dos meses de edad
(1879) con la muerte de su padre al disparársele accidentalmente su escopeta. En
1891 Ascenso Bargo, su padrastro, se suicida con una escopeta. En 1902 Horacio
Quiroga mata accidentalmente con su revólver a su mejor amigo Federico Ferrando.
En 1915 se suicida su primera esposa Ana María Cires. También se suicida
Leopoldo Lugones a quien Quiroga admiraba, y Alfonsina Storni por quien sostuvo
una profunda pasión. El 19 de febrero de 1937 se suicida Quiroga y en 1939 se
suicida su hija Egle. Años después, su hijo Darío también haría lo mismo. Es
verdad que el aspecto fatalista y trágico de su vida conmueve y seduce tanto
como su creación literaria, pero la intención de este artículo no es el análisis
somero de uno u otro, sino una reflexión a vuelo de pájaro tendiente a recordar
y recuperar la contemporáneidad de Quiroga a través del cuento, su mayor
exponente, por lo directo y vivo hasta la violencia de su manera de decir las
cosas.
A Quiroga le preocupaba más el valor expresivo de la palabra que lo
puramente gramatical y académico, por lo cual se le ha tachado muchas veces de
"escribir mal". A pesar de todo, "su narrativa sigue siendo la construcción más
vigorosa -más duramente vigorosa- de la literatura de ficción hispanoaméricana
hasta su época". Como diría Julio Cortázar al respecto, "Quiroga figura entre
los narradores capaces a la vez de escribir tensamente y demostrar intensamente,
única forma de que un cuento sea eficaz, haga blanco en el lector y se clave en
la memoria".
"La siesta pesaba, agobiada de luz y silencio. Todo el contorno estaba brumoso
por las quemazones. Alrededor del rancho la tierra blanquizca del patio,
deslumbrada por el sol a plomo, parecía deformarse en trémulo hervor, que
adormecía los ojos parpadeantes de los fox-terriers." La insolación de Cuentos
de amor de locura y de muerte . Es tal vez en este cuento, La Insolación, donde
Quiroga alcanza la cima de su arte narrativo con un estilo sobrio y conciso y
una triple capacidad para sentir con intensidad, atraer la atención y comunicar
con energías los sentimientos. "Cuando cayó del todo la noche, la tortuga vio
una luz lejana en el horizonte, un resplandor que iluminaba el cielo y no supo
qué era. Se sentía cada vez más débil y cerró entonces los ojos para morir junto
con el cazador, pensando con tristeza que no había podido salvar al hombre que
había sido bueno con ella". La tortuga gigante de Cuentos de la Selva Cuentos de
la Selva, 1918. Los animales como protagonistas; muestra la gratitud y amistad
con el hombre, mezcla de ternura y humor entre la fantasía y lo real.
Aproximación a la fábula, pues los ocho cuentos que componen este volumen
contienen una moraleja. "Debe ser hora de dormir...-murmuró Anaconda. Y pensando
deponer suavemente la cabeza a lo largo de sus huevos la aplastó contra el suelo
en el sueño final". El regreso de Anaconda. Anaconda y El Regreso de Anaconda:
singular espiritualización del mundo animal; un mundo de selvas, fieras,
víboras, fiebre, donde el hombre y la serpiente se debaten con la muerte
entrando en el otro mundo por el portal de un eterno sueño. Luego seguirán El
Desierto (1924), Los Desterrados (1926) narraciones centradas en hombres duros
que se matan bebiendo alcohol de las lámparas, cuando no matan a sus propios
hijos, víctimas del delirio. Y ófinalmente El más allá (1935), su libro póstumo.
A cincuenta y siete años de la muerte del escritor, que vivió a caballo entre
Uruguay y Argentina, el lector que como yo , reflexione un momento entre todas
las lecturas posibles de la vida y obra de Quiroga no podrá dejar de seducirse
por esa mezcla contradictoria de repulsión-fascinación emparentada con el
embrujo que ejercía sobre el autor, el amor y la muerte, donde encontró su
lenguaje.
Una secreta adoración hacia un universo localista al margen del mundo,
hacia donde descendió Quiroga atormentado y perseguido hasta el paroxismo por la
hostilidad del medio desvastador y esa especie de aura de fatalidad que lo
acompañara durante toda su vida, pero que sin embargo le otorgaron con asombrosa
vitalidad una razón de vivir. Hoy lo recordamos con tremenda vigencia por la
dimensión universal de su obra. Como dijo Borges: "un idioma es tradición, un
modo de sentir la realidad, no un arbitrario repertorio de símbolos". Quizás
estas pocas líneas de análisis seguramente resulten insuficientes como para
conformar un panorama completo de uno de los grandes padres de la cultura
contemporánea.