| Jorge Edwards habla con Robert Lemm (1) |
JORGE EDWARDS HABLA CON ROBERT LEMM (2)
Pero no le atacaron por defender con su libro a un
comunista que nunca confesó haberse equivocado, y que
hasta incluso fue asalariado desde Moscú?
Bueno, yo no estaba seguro de esto, y naturalmente no
lo sabía en ese tiempo. Yo sabía que sus artículos en la
Pravda eran pagados. Hasta ahí llegaron mis
conocimientos en este asunto. Pero yo no lo he defendido
ni atacado. Yo he dado testimonio sobre un personaje que
era un gran poeta. Yo he querido decir que por encima de
la política, que por encima de todo Neruda basicamente
es un poeta, y que frente a la poesía tenía hasta
incluso una actitud lúdica, de juego, de poeta niño; que
eso era el verdadero Neruda, quizá el Neruda
fundamental. Claro que Neruda se deja utilizar por el
partido, por toda esa maquinaria. Yo fui bastante
crítico de eso, bastante desconfiado de eso, pero fui
amigo de Neruda, igual que Vargas Llosa, a pesar de su
tendencia liberal; porque Neruda tenía también, fuera
del atractivo de la poesía, un gran atractivo personal,
y nosotros habíamos sido marcados en nuestra
adolescencia por la lectura de Neruda joven, del Neruda
de "Residencia en la tierra".
Entiendo que para usted el poeta es más importante que
el comunista. Pero no le molesta que la "filosofía"
detrás de su poesía es cien por cien materialista? Ha
dicho Neruda y no es una frase suelta, sino una
sentencia que lo define que "la única filosofía que
vale es la que la gente tenga un buen par de zapatos y
un buen bistec." Me acuerdo que alguien dijo que el
hombre no sólo vive de pan...
Neruda es un vitalista. Es un materialista. Es un
verdadero militante comunista en sus comienzos, en la
guerra civil española. Es alguien que reacciona de un
modo emocional, de un modo antifascista. Es como
Federico García Lorca, que era su gran amigo. Yo digo
que el Neruda de los años sesenta, el Neruda posterior
era un cardenal ateo, era un cardenal de la religión
comunista ateo. Y yo al decirlo cito a un escritor
sevillano que fue sacerdote, fue cura en la Sevilla de
fines del siglo dieciocho que es José María Blanco, que
abandonando el catolicismo y colgando la sotana se fue a Inglaterra, y allí
escribió como Blanco White, y él
dice: cuando yo era un joven sacerdote en la iglesia
católica española de Sevilla siempre ví a los cardenales
como ateos, porque él llegó a la conclusión de que los
grandes jerarcas de la iglesia eran ateos. Y yo llego a
esta conclusión con respecto a Neruda frente al
comunismo. Mi libro es bastante desenfadado e insolente
en su tono, pero es un libro que quiero revisar ahora,
porque es un libro escrito muy cerca de todos los
sucesos, muy cerca todavía de la muerte de Neruda. Hay
cosas que quizá yo tendría que desarrollar,
particularmente la relación de Neruda con Allende.
Pero admito y reconozco que nosotros, los escritores de
nuestra generación, fuimos muy lentos y muy tímidos para
reaccionar contra la corriente principal tanto allá en
América como aquí en Europa, que era muy fuerte, la moda
era muy fuerte...
Acaba de aparecer "El origen del mundo". Es el episodio
de unos chilenos que envejecen en París, en nuestros
años noventa. El protagonista, o antagonista, es un
intelectual fracasado llamado Felipe Díaz. Perdió la fe
en el Partido y se ha dedicado tanto al donjuanismo como
a la botella. Se produce en él lo que Unamuno señaló en
una de sus novelas ejemplares: el prepotente
conquistador de muchas mujeres termina como un apagado,
como esclavo de una sola mujer; la impotencia, el
alcoholismo y las drogas lo arrastran hacia el suicidio.
Su amigo observador, el médico Patricio, es un carcomido
por los celos ya que su mujer Silvia se habría acostado
con Felipe. Estos dos personajes cultivan la salud
física y el amor de pareja, pero en el fondo son tan
decadentes como el pobre Felipe. Reconozco el humor y la
ironía en su novela, pero lo que echo de menos en todo
eso, en la literatura latinoamericana y también en la
española en general, es un sentido ético. Estamos en un
clima que definiría como hedonismo nihilista o nihilismo
hedónico. Hay un vacío espiritual. Y como usted dice en
alguna parte que el escritor debe ser una conciencia que
nunca debe bajar la guardia, me pregunto si está
satisfecho con la situación que termino de esbozar. En
Alemania por ejemplo, percibo una nueva toma de
conciencia ética.
Cómo es éso de la ética en Alemania?
Bueno, tiene que ver con su propio pasado, que ha sido
muy terrible. Será talvez por eso que se nota allí el
renacimiento de la ética entre los escritores, aunque
no sabemos todavía cómo se va a desarrollar. Y también
la caída de la muralla de Berlín debe tener en esto su
influencia. La fe tradicional en el socialismo se ha
extinguido y desde 1989 se está buscando otra
orientación.
Hay una pregunta que me hago yo desde hace tiempo.
Primera cosa: me parece evidente que la caída del muro
de Berlín significa una pérdida de las ilusiones
ideológicas, que eran características del mundo
hispanoamericano y español. Esta pérdida para mí se ha
producido antes. Bastante antes. Yo incluso diría que la
caída del régimen de Allende fue el comienzo de esa
pérdida. Y esto se refleja en mi novela. Sobre todo en
el caso de la mujer, de Silvia, que es quizá el
personaje más lúcido de la novela. Porque Silvia dice:
`Siempre sostengo que el golpe militar nos abrió los
ojos...El golpe nos hizo conocer el mundo a la
fuerza...Ya no hay regreso.' Eso es una reflexión. En
seguida hay que distinguir el caso de Felipe Díaz, el
suicida, y el caso del doctor Patricio Illanes. Díaz es
un decepcionado que se convierte en un vividor y un
nihilista. Su hedonismo tiene una cierta máscara
senequiana, porque está leyendo a Séneca y él practica
el suicidio elegante, una actitud clásica digamos frente
a la muerte, una resignación en el suicidio elegante,
ritual. Es una obra maestra para él el suicidio. Y el
doctor Illanes después dice: su vida fue una gran farra.
Porque era un farrero ocasional de noche tras noche,
pero la gran farra fue la farra final. El doctor es un
bobo, y trata de aferrarse a la ideología, trata de
seguir siendo comunista. Se da cuenta de que no lo puede
ser, pero trata de seguirlo siendo. En este sentido es
un bobo. Es un hombre desequilibrado. Finalmente
encuentra su realización final en una relación erótica,
y amorosa también. La mujer, Silvia, es el ser más
humano de la novela, porque finalmente le miente al
doctor para tranquilizarlo. Yo quiero decir que una
novela nunca es un tratado ético. La novela es un
relato. Es un texto narrativo, autónomo. Yo siempre he
sostenido que una novela es esto, y por eso mismo una
novela no puede ser un compromiso político. Pero lo que
se insinua quizás en esta novela es que hay que volver a
una relación más humana. Lo que hace Séneca es
desconfiar de lo absoluto, y proponer una resignación y
una tranquilidad y una serenidad dentro de lo relativo.
Así que en el fondo yo diría lo siguiente: mi conviccón
ha sido siempre democrática, pero sin entusiasmo. Y yo
creo que esto es una ética para la sociedad. Pero es una
ética no monumental, no espectacular. Y cuando usted me
dice que comienza una conciencia ética en Alemania, yo
espero que no sea absoluta. Porque yo creo que lo mejor
es que haya actitudes humanas concientes de la
relatividad de las cosas.
Pero no sólo me refiero a la ética. También compruebo
que hay un vacío espiritual, sobre todo en las novelas
latinas, tanto las españolas como las
latinoamericanas.
Espiritualidad tiene sentido de trascendencia. Yo le
diría que ese es un vacío inevitable desde la ausencia,
desde la muerte de Dios.
En alguna parte dice que ultimamente prefiere leer a
los clásicos en vez de las más recientes novelas
latinoamericanas; sobre todo se dedica a las lectura de
obras del siglo dieciocho. Saca alguna inspiración de
ellas?
Yo le digo lo siguiente: sigo una orientación en mis
lecturas no para desviarme de la actualidad
necesariamente, sino que está relacionado con mi trabajo
de escritor. Y entonces busco las lecturas que para mí
son más estimulantes, que favorecen más la creatividad
mía. Y esto significa que en un determinado momento
puedo preferirle a Séneca por encima de Italo Calvino,
porque Séneca resulta más estimulante. En general diría
que yo soy un autor que en sus lecturas lee bastantes
cosas antiguas, cosas clásicas y a veces cosas no
estrictamente literarias. Soy un lector de historias, de
crónicas, de cosas que no son creación pura. En seguida
he sido toda mi vida un lector de los géneros
autobiográficos. En los años sesenta yo leía a Stendhal,
sus escritos íntimos, leía a Rousseau, y también a
Vicente Pérez Rosales, un escritor chileno que hizo unas
memorias del siglo diecinueve que son un libro
extraordinario. Cuando se comenzó a discutir eso del
`boom', en Francia, yo insistí mucho, siempre, en todas
las discusiones y mesas redondas que hubo grandes
escritores novelistas y memorialistas y cronistas en el
pasado, en el siglo diecinueve. En eso se refleja mi
relativa desconfianza frente a la moda literaria.
Por fin quiero llamar la atención al hecho de que
usted escribe sobre la burguesía chilena, sobre su
decadencia diría.
Yo creo que esto es un error. Es un lugar común de la
crítica. Si tomo a "El museo de cera", que usted ayer definió
como una alegoría, no puedo sino concluir que se trata
del derrumbe de la clase alta de Chile. Casi todos los
personajes de sus novelas, también en "El peso de la
noche", pertenecen a la "sociedad".
Siempre se ha dicho que yo soy un autor de la
decadencia de la burguesía chilena, y se lo ha dicho de
José Donoso también. Pero si se lee con atención a mis
novelas y mis cuentos, se ve que hay personajes que se
quedan al margen, y que decaen. Y a mí siempre me
fascinó este tipo de personajes. Porque entre ellos hay
los más inteligentes, y los de mayor sensibilidad, de
mayor finura digamos. Son personajes que decaen, que se
autodestruyen, que se vuelven alcohólicos, se convierten
en pelusa, en astillas. Sin embargo, observe usted, en
esa novela hay un club donde se reunen los poderosos, y
esos poderosos recuperan el poder durante la novela; el
museo de cera o la casa del marqués es toda la ciudad,
la ciudad donde ellos dominan. Y en "Los convidados de
piedra" los grandes personajes que están detrás, que
representan el poder, siguen teniendo más poder que
nunca al final de la novela. Y de hecho la burguesía
chilena está más rica y más poderosa que nunca hoy en
día. Lo que pasa es que, hablando ya de la realidad
histórica, hay familias que han decaído y seres que han
quedado al margen, y lo que yo insinuo siempre es que
los mejores van hacia abajo, porque son más refinados,
más delicados, más sensibles. Eso está dicho en "Los
convidados de piedra". Entonces eso es una observación
constante mía; porque cuando yo era un niño mi familia
era una familia burguesa, no tan importante como otras
ramas de esa misma familia; era una familia más pobre.
Pero yo he observado que por ser pobre hubo cierta
distancia, una agudizada percepción de parientes más
ricos, de sus coches, de sus clubes, sus caballos. Yo yo
siempre he observado que algunos personajes
particularmente inteligentes habían sido implacablemente
destruidos. Entonces, como dije ayer en la charla, yo
tenía ese tío escritor, un hombre de mucho talento, y
que siempre era mencionado en las conversaciones del
comedor como aquel inútil Joaquín (Edwards Bello.) O
sea, cuando yo comenzaba a escribir mi padre me decía
"tú vas a ser también un inútil". Y entonces yo tomé en
cierto modo el partido de los inútiles, o de los
marginados. Y eso hace por ejemplo que en "Los convidados
de piedra" el personaje que se margina del mundo social
termine haciéndose amigo de los pescadores, de los
carpinteros, de los campesinos de su región. O sea, hay
un paso ahí a la visión popular. Es un paso que viene
decidido por todo eso. Pero que yo soy el escritor de la
decadencia de la burguesía, no sé...yo creo más bien que
soy el escritor de las relaciones entre el orden
burgués, familiar, incluso religioso y el desorden...
Cómo ve la relación de su obra con la de José
Donoso? No se parecen mucho?
Yo creo que Donoso tiene una visión mucho más
grotesca, esperpéntica de las cosas. El acentúa mucho
eso. Sus personajes se acercan a la monstruosidad. Pero
quizá coincide conmigo en el sentido de que hay un
núcleo central social muy sólido y que se mantiene, y
que está como en el fondo del escenario; y que después
hay una serie de personajes que se quedan en los
márgenes y que en la visión de Donoso se transforman en monstruos.
Esto no es lo que usted hace.
Yo creo que no.
Pero en "El museo de cera", allí sí que hay algo
grotesco; si pienso en el marqués...
Talvez. Pero no estoy de acuerdo que sea esperpéntico,
porque yo pienso que ese marqués es el lado malo de toda
la novela, y que su mujer finalmente es una persona
bastante comprensible. Su mujer se ha ido con un hombre
más joven, pero en el fondo ella quiera que él tenga un
entierro digno por ejemplo, el marqués.
Pero la marquesa y su amigo pianista y el marqués
forman un triángulo, igual como en el caso de "El origen
del mundo", donde tenemos a Silvia (la marquesa), Felipe
(el pianista) y Patricio (el marqués). Siempre dos
hombres y una mujer, situación típica para un drama.
Pero Donoso no siempre fue esperpéntico. Pienso
en sus primeras novelas, en "Coronación" y "Este domingo".
Ahí se parece más a las cosas mías, claro. "Coronación"
y "Este domingo" se parecen a "El peso de la noche", que es
mi primera novela. Pero después Donoso se hace más
metafórico, más fantástico, como en "Casa de campo". En
cambio, en mis novelas hay una visión más históricoŠsocial. En "Los convidados de piedra" por ejemplo, me
pregunto por qué en mi generación en el mundo del orden
chileno salieron tantos seres: o revolucionarios, o que
se iban a vivir en una isla desértica; por qué fueron
siempre los personajes más inteligentes, los más
atractivos. Entonces esto representa que ahí, esto
indica, esto revela que había un genio enfermo por ahí,
había algo que fallaba. Pero finalmente resulta que el
orden se mantiene cada vez más rico y más poderoso.
Como dijo en "El peso de la noche": `El orden social en
Chile se mantiene por el peso de la noche' La noche,
dijo ayer, sería la `inercia'. Yo pensaba también en la
"ignorancia".
Yo creo que también es la ignorancia.
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