FELISBERTO HERNANDEZ, UN ESCRITOR DISTINTO.
Italo Calvino
Uruguayo, nacido en Montevideo. narrador y
pianista. Es quizá el exponente más brillante de la literatura fantástica de su
país, y a juicio de los criticos comparte con Borges la primacia de ese género en
la literatura ioplatense
Las aventuras de un pianista paupérrimo, en quien el
sentido de lo cómico transfigura el amargor de una vida amasada con derrotas, son
el primer apunte del que parten los cuentos del uruguayo Felisberto Hernández
(1902-1964). Basta con que se ponga a narrar las pequeñas miserias de una
existencia transcurrida entre orquestinas de café en Montevideo y giras de
conciertos por pueblitos provincianos del Río de la Plata para que en las páginas
se acumulen gags, alucinaciones y metáforas en los que los objetos cobran vida
como personas. Pero éste es sólo el punto de partida. Lo que desata la fantasía
de Felisberto Hernández son las inesperadas invitaciones que abren al tímido
pianista las puertas de misteriosas casas, de quintas solitarias donde moran
personajes ricos y excéntricos, mujeres llenas de secretos y neurosis.
Un chalet apartado, el infalible piano, un caballero dulcemente maníaco o perverso,
una doncella visionaria o sonámbula, una matrona que celebra obsesivamente sus
infortunios amorosos; diríase que se han reunido aquí los ingredientes del cuento
romántico a lo Hoffman. Y ni siquiera falta la muñeca que parece enteramente una
jovencita; aún más, en el cuento Las Hortensias hay todo un surtido de muñecas
rivales de las mujeres de verdad que un fabricante tentador construye para
alimentar las fantasías de un extraño coleccionista y que desencadenan celos
conyugales y turbios dramas. Pero cualquier posible referencia a una imaginación
nórdica se disuelve al punto en la atmósfera de esas tardes en las que se sorbe
lentamente mate sentado en un patio o se está en el café contemplando cómo un
ñandú pasa entre las mesas.
Felisberto Hernández es un escritor que no se
parece a nadie: a ninguno de los europeos y a ninguno de los latinoamericanos, es
un "francotirador" que desafía toda clasificación y todo marco, pero se presenta
como inconfundible al abrir sus páginas.